Seguidores

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capitulo 7: Odisea en Roma! Debo volver a Licotte

Huolaaaaa¡¡¡¡¡
Pues oy me siento creativa y os voy a poner el siguiente capi:

Una chica que vestía un uniforme de alguna escuela, el cual consistía en una falda café claro, unas calsetas que le llegaban por arriba de las rodillas, una camisa blanca y corbata y un sueter color azul oscuro. Su cabello era rubio claro y largo, llevaba un cintillo del mismo color que el sueter. La chica se detuvo en la cerca y respiró profundo para gritar:
-INAZUMA JAPAN!- gritó a todo pulmón. Todos se voltearon a ver y no dieron crédito a lo que veían.
Cuatro días antes, Roma, Italia...
Eli estaba durmiendo, bueno, o al menos eso estaba haciendo hasta que la luz comenzó a filtrarse por la ventana. Su mente estaba borrosa y cuando abrió los ojos por un instante no se ubicaba en donde se encontraba, hasta que se aclaró un poco su vista y pudo reconocer la habitación en la que se encontraba.
Se encontraba en una cama de dos plazas, la cual tenía la estructura de una de esas camas antiguas de la edad media, con un palo en cada esquina que se elevaba y que estaban unidos entre sí por otros palos de madera. De ellos colgaban unas cortinas de color blanco, que si Eli lo deseaba podía correrlas. Las sábanas eran de color blanco y el cubrecama era de un tenue color morado. Las paredes eran de un color morado clarito. La cama estaba casi en el centro de la habitación, frente a ella había un escritorio con un ordenador. A su lado izquierdo estaban las puertas hacia el baño y la puerta a su walking closet, ella habría deseado un armario normal, pero su abuela insistió en ello para así ella tuviera la excusa de ir de compras. A su derecha había un enorme estante que ocupaba casi toda la pared, lleno de libros. el cual estaba partido en dos y al medio había un gran ventanal, el culpable de que entrara la luz. Por él se podía salir al balcón.
Eli estaba en su antigua habitación de la casa de sus abuelos, estaba que no lo creía. Cerca del escritorio se encontraba su maleta y su bolso. Había llegado en la madrugada y lo primero que hizo fue ponerse pijama y dormir. Su abuela ni siquiera se había dignado a ir a recogerla y ni siquiera a recibirla. No, Carmine Hide había tenido un día muy atareado en la alta burocracia y no había tenido tiempo para nada, así que necesitaba dormir lo mayor posible, así que no podía ni ir a buscar a su propia nieta. En cambio su abuelo, Demetrio Hide, el hombre más honrado y dulce de la tierra, que a pesar de haber salido hace poco del hospital por una operación menor, había ido a buscarla y la recibió con los brazos abiertos.
Siempre había querido mucho a su abuelo. El había sido como un padre para ella, algo que su abuela estaba lejos de llegara a ser, ya que siempre había sido demasiado sofisticada y ocupada para preocuparse de ella o de Nakata o incluso de sus otros nietos, los cueles vivían en esa misma mansión a las afueras de Roma.
Eli suspiró y se levantó de la cama. Se fue a la ducha y cuando salió se puso una playera holgada de rayas azules y grises, que le dejaba un hombro descubierto, unos shorts y unas sandalias. Era casi verano y el calor abrazador que caracterizaba a esa ciudad comenzaba a hacer acto de presencia.
Salió de su habitación y se dirigió a las escaleras. Estas eran algo curvadas, ya que el hall de entrada era redondo y se podía ver el segundo piso desde él, para que te vieran desde el segundo piso era cosa de que te asomaras en la baranda. De pequeña siempre le había gustado esa casa, le parecía una mansión de cuentos de hadas, pero con el tiempo se fue dando cuenta de que esa casa estaría vacía y sin vida de no ser por que sus primos vivía en ella. Su abuela pasaba todo el día fuera y su abuelo solía encerrarse a escribir sus libros en su oficina, si, él era un gran escritor, pero no muy conocido en el extranjero. Nakata lo admiraba mucho por ello y más de una vez había dicho que se volvería un escritor como él.
Eli caminó por el comedor hasta llegar al ventanal que llevaba a la terraza. Cuando salió pudo ver a dos cabezas pelinaranjas en la mesa desayunando. Ambas personas se giraron a verla. Ambos eran muchachos que conocía de toda su vida. Uno tenía alrededor de la misma edad que ella, era pelinaranjo como ya había dicho y ambos tenía dos cosas en común, su color de piel, ambos eran muy pálidos, y el otro era el color de sus ojos, ambos los ojos de color calipso. El otro tenía la misma cabellera, el tono de piel más bronceado, sus ojos eran color chocolate y tendría unos 17 años. Eran Diego y Leonardo Di Gennaro, sus adorados primos.
-Eli!- gritó Diego con una sonrisa poniéndose de pie y fue a abrazarla rápidamente.- No sabes lo mucho que me alegra verte.- dijo separándose de ella.
-Digo lo mismo, primito.- dijo Eli con una sonrisa.
Diego Hide. El menor de los tres hermanos Di Gennaro. Hijo de Giorgio, hermano mayor de Rebecca, la madre de Eli, e Isabella Di Gennaro. El muchacho era reconocido no solo por su apellido, sino que también por ser un gran atleta, practicaba atletismo, era velocista. Eli y Diego iban en la misma clase, a pesar de que le chico era un año mayor que ella, ya que a la chica la habían adelantado un año.
-Tiempo sin verte, Eli.- dijo el otro hermano.
-Es bueno verte, Leo.- dijo la castaña.
Leonardo Di Gennaro. El hermano de al medio. Con sus 18 años ya casi cumplidos era todo un galán con las chicas del instituto. Suelen llamarlo "Leonardo Da Vinci", debido a sus habilidades como pintor. Eso era algo que Eli y él tenían en común. Eso sí, Leo siempre se había llevado mejor con Nakata, debido a un tema de edad, ellos solo tenían un año de diferencia, la misma diferencia de edad que tenían Diego y Eli. Ambos hermanos vivían con sus abuelos debido a que sus padres viajaban mucho.
Solo faltaba el mayor de los hermanos, Antonio. Tenía 24 años y estaba acabando su carrera de derecho. Estaba comprometido, aunque a su abuela no le agradaba mucho la idea, ya que la chica no tenía "sangre noble", pero como sus padres no se opusieron, no pudo hacer nada. Giorgio no quería que sus hijos sufrieran por lo que él pasó. Carmine había arreglado su matrimonio, pero al año se divorcio y después de un tiempo se volvió a casar, con la mujer de su vida. Gracias a él, los padres de Eli y Nakata se había podido casar sin tener que preocuparse por Carmine.
-No crees que te has levantado muy temprano?- preguntó Diego.
-Debería dormir un poco más, después de todo, llegaste a las cuatro de la mañana.- dijo Leonardo. En eso Eli se percató de que ambos llevaban uniforme puesto.
Ambos llevaban pantalones café claro, camisa blanca y corbata negra. La diferencia era que Leo llevaba un sueter color verde oscuro y Diego uno azul oscuro, ambos se había arremangado las mangas. La razón de la diferencia de colores era porque Leo iba en el bachillerato y Diego en secundaria. En su instituto diferenciaban los niveles por color del sueter. Los de primaria llevaban uno color rojo, los de secundaria uno azul y los de bachillerato uno verde.
-Van al instituto?- preguntó la chica.
-No, nos pusimos los uniformes porque quería pintar el mono un rato.- dijo Diego sarcástico. Leo lo da un codazo en las costillas.
-No fastidies.- dijo el mayor. Luego miró a su prima.- Creo que la abuela ya te a inscrito, pero será mejor que esperes a mañana, se ve que no has dormido mucho.- agregó.
Que su abuela ya la había inscrito? A esa anciana no se le pasaba ni una.
-No. Voy con ustedes, si no me equivoco aun queda tiempo. No me tardo.- dijo la chica y partió al segundo piso antes de que sus primos respondieran.
__________________________
Aqui se acabo la primera parte y os digo que este capi es muy largo.