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viernes, 20 de julio de 2012

Para siempre

Esta historia la he echo para Kimi :

Los árboles pasaban rápidamente mientras me acercaba al orfanato que me había visto crecer. Tantas cosas habían cambiado desde ese primer día en el que los conocí. Recuerdo que estábamos fuera, porque hacía un día maravilloso y todos corrían y reían. Yo estaba sola, jugando en el cajón de arena, hasta que una chica de pelo azul como el mío pero con dos mechas blancas se acercó a mí.

-Hola, me llamo Bellatrix ¿quieres jugar conmigo?- dijo mientras me tendía su pequeña manito.

Le sonreí mientras que le cogía la mano y juntas nos íbamos a jugar. Me llevó dentro al salón donde había una cocinita de juguete. Nos pasamos las horas haciendo complicadísimas recetas, aunque en realidad todo estuviese en nuestra imaginación. Después de cocinar ella me dijo que esperase mientras iba a buscar a sus amigos. Yo preparé la mesa con platitos y vasitos de colores y ella llegó acompañada de cinco chicos.

-Mira Kimi ellos son Bryce - dijo señalando a un serio niño peliblanco de ojos azules-, Claude - un niño pelirrojo de ojos ambarinos-, Dave -un niño más mayor moreno de ojos negros-, Jordan - un niñito peliverde de ojos oscuros- y Xavier -por último me señaló a un niño pelirrojo de ojos verdes.

-Hola-les saludé.

Ellos me saludaron y se sentaron en la mesita. Recuerdo que Claude se había negado a comer y había recibido un cucharazo por parte de Bellatrix. Todos nos reímos a mandíbula batiente menos Claude que infló los mofletes y se cruzó de brazos.

Gracias a ellos mi estancia en el orfanato fue todo lo agradable que puede llegar a ser en un sitio así. Todos los días jugábamos al fútbol y luego comíamos la comida invisible que Bellatrix y yo preparábamos. Era muy feliz allí.

A los diez años fue cuando me adoptaron, todos lloramos, todos hasta Claude. Bellatrix me regaló una pulsera de la amistad que habíamos echo el día anterior y me indicó que ella tenía otra igual; Jordan me regaló una bolsa con chuches en la cual solo había una chuche y eso me causó gracia ya que supuse que como era un tragón no había soportado comérselos; Xavier me dio un abrazo y un beso en la mejilla mientras que me entregaba un dibujo echo por él; Dave y Claude me regalaron un balón de fútbol en el cual habían firmado todos; por último Bryce me regaló un collar son un dige en forma de balón de fútbol y me dio un beso en la mejilla. Todos nos sorprendimos por el gesto de él ya que no era de expresar sus sentimientos exteriormente. No pude decirle nada porque ya me iba.

Años después cuando pasó todo eso de lo de la Academia Alius, me quedé muy decepcionada, no me creía que fuesen capaz de todo eso. Que el poder los hubiese cegado de ese modo. Aún no los había perdonado ya que para mí el fútbol era más que un deporte, era el deporte que nos había unido a todos. Sobretodo no había perdonado a Bryce por lo que me había dicho el día que había ido a verlo para hacerle cambiar de opinión.

Lo encontré en los vestuarios, el día del partido del Raimon cuando estaban en el medio tiempo.

-Bryce... -comencé pero el me cortó.

-No existe ningún Bryce, me llamo Gazelle.

-¿No ves lo que estás haciendo?- le pregunté ignorando el nombre de alíen que se había pùesto- Lo que padre está haciendo no es lo correcto El fútbol no es así.

-¡Cállate Kimi! Tú no entiendes nada. Lo hago por el poder, por padre y por las habilidades que he conseguido gracias a la piedra.

-Pero Bryce... - le dije con los ojos anegados en lágrimas.

-Vete Kimi, no tengo nada más que hablar contigo.

Esa fue la última conversación que tuvimos, de la cual me arrepiento. No quiero acabar nuestra amistad así y más sabiendo que estoy enamorada de él. No quiero, me niego. Así qué regresa al orfanato ya que Bellatrix se encargó de que nos reunamos para hablar y arreglar las cosas.

El taxi me deja a la entrada del orfanato donde los niños juegan alegremente. Paseo la mirada entre los niños alegres que corren y saltan de un lado para el otro. Decepcionada bajo la cabeza y me dirijo hacia un banco a la sombra de un gran árbol. No lo veía. ¿Acaso no iba a venir o aún no había venido? Esa era la duda que se me pasaba por la cabeza en esos momentos.

Suspiro y me resigno a esperarlo por un rato. De repente siento una presencia detrás de mí. Me giro y lo veo recostado contra el tronco del árbol. Me sonrojo ya que estaba mucho mejor de lo que recordaba.

-Hola- le saludo tímidamente.

Él se levanta y se sienta a mi lado.

-¿Recuerdas cuando jugábamos alegres con un balón de fútbol?-le pregunté y él sonrió por lo que supuse que así era- Todo era tan sencillo de aquella- suspiré recordando esos alegres momentos corriendo al rededor del balón.

-Kimi, yo, siento lo que te dije aquel día. No era yo. La piedra me controlaba y el poder me cegaba. No sabía lo que hacía. Perdóname por favor.

Le miré a los ojos y vi que estaba siendo completamente sincero conmigo. No pude seguir enfadada con él porque su mirada hacía que todo mi enfado cambiase a un amor profundo y sincero.

Le sonreí dulcemente.

-Claro que te perdono. Nunca podría enfadarme con mi mejor amigo- le dije difícilmente, porque yo quería llegar a ser algo más.

-Muchas gracias- me contestó sonriéndome de verdad. Pocas veces lo hacía por lo que me sorprendí.

Le miré sorprendida y en sus ojos vi determinación cosa que me sorprendió más. Poco a poco se me acercó a mí y yo con miedo bajé la cabeza, pero él me cogió dulcemente la barbilla y me la levantó.

-Kimi hace tiempo que te quiero decir una cosa- esperé en silencio mientras que el se acercaba más a mí hasta que su aliento tozaba mis labios. Tragué saliva nerviosa- Yo...-no lo soporté más y uní con mis labios los pocos centímetros que nos separaban.

AL principio se sorprendió pero respondió a mi beso apasionadamente. Separamos nuestros labios pero seguíamos igual de cerca.

-Te amo Kimi.

Le sonreí.

-Para siempre- le contesté y sellé nuestro pacto con un dulce beso.
Espero que os aya gustado.